El deporte como plataforma para canalizar malestar juvenil

En el contexto de la segunda marcha de la “Generación Z” el 20 de noviembre, varios actores del deporte mexicano aprovecharon la coyuntura para insistir en un enfoque social más activo: para ellos, el deporte debe ser una herramienta clave para ofrecer alternativas reales a los jóvenes atrapados por la violencia o la incertidumbre. Durante ese día, exjugadores, entrenadores y directivos hicieron llamados públicos para que el Estado y las instituciones inviertan en infraestructura deportiva en zonas vulnerables, con programas que vayan más allá de la competencia y se enfoquen en la comunidad.
Se propuso reforzar espacios como canchas comunitarias, ligas escolares y centros de entrenamiento con enfoque social. La idea es que el deporte no solo entregue beneficios recreativos, sino que se convierta en un pilar de cohesión social, una vía para generar pertenencia y reducir la exposición de jóvenes a dinámicas delictivas. Según estos líderes deportivos, canalizar la energía de las protestas hacia iniciativas bien institucionalizadas puede construir puentes entre la ciudadanía y el gobierno.
Además, algunos entrenadores sugirieron alianzas entre universidades, municipios y federaciones para lanzar programas de alto impacto, donde entrenadores capacitados impartan no solo técnica, sino también valores cívicos. En muchos discursos se repitió que las inversiones sociales asociadas al deporte pueden multiplicar su retorno: no solo en campeonatos, sino en bienestar colectivo, prevención del crimen y formación de nuevos líderes. La fecha del 20 de noviembre se convirtió así en una oportunidad simbólica para recordar que el deporte puede jugar un papel central en la reconstrucción social.




