Tensiones geopolíticas en torno a protestas mexicanas llaman la atención en EE. UU.

El 20 de noviembre de 2025, la movilización conocida como “Generación Z” en México comenzó a resonar más allá de sus fronteras, atrayendo la atención de analistas conservadores en Estados Unidos. Algunas figuras asociadas al ala más dura del movimiento MAGA retomaron las protestas para advertir sobre un posible colapso del orden en México, presentándolo como un escenario de descontrol e incluso sugiriendo la viabilidad de una intervención externa. Estos discursos han generado alerta diplomática, dado que reinterpretan las manifestaciones como parte de una narrativa geopolítica más amplia: la de un Estado fallido o un “narco-Estado” que requiere supervisión extranjera.
La conexión entre los reclamos sociales y la retórica intervencionista ha encendido un debate sobre la legitimidad de usar protestas internas con fines de influencia internacional. Algunas voces conservadoras han planteado que el caos generado por la violencia, la corrupción y la inseguridad en México podría justificar una presión internacional más dura, mientras que otros advierten sobre los riesgos éticos y estratégicos de cruzar esa línea.
Al mismo tiempo, sectores progresistas y diplomáticos han rechazado enérgicamente estas interpretaciones, calificándolas de oportunistas y manipulatorias. Señalan que las protestas de la “Generación Z” son un fenómeno genuino de descontento social y no deben ser instrumentalizadas por agendas externas. La tensión entre estas posturas deja en evidencia que las movilizaciones mexicanas no solo están transformando la política nacional, sino que también se han convertido en parte de un tablero de poder con repercusiones internacionales.



